PRESENTACIÓN - BIENVENIDA

                             

ENCUENTRO DE ORTOGRAFÍA 2023

                    PRIMER CONCURSO CUENTO CORTO



Un niño como yo

Gabriel García Márquez

Un niño de unos cinco años que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una feria se acerca a un agente de la policía y le pregunta: “¿No ha visto usted a una señora que anda sin un niño como yo?”.

FIN


OCTAVO GRADO

Miguel Fernando Caro Gamboa


Sí mamá, me suspendieron y te mandan a decir que me lleves al  psicólogo. Es cierto, me volé del salón y arranqué todas las matas de plástico que colgaban en los corredores. Después, me volé del colegio y volví con tierra y semillas de girasol.

Sí, mamá, también es cierto, hice una inundación regándolas. Pero lo que tú y los profesores no saben, es que Carolina de las Estrellas, la Octavo B, es mi néctar y cuando los girasoles se llenen de flores, zumbaremos de alegría y tomados de las alitas nos iremos a pasear por el jardín en que se convertirá el colegio gracias a nuestro amor. 


Borges y yo

Jorge Luis Borges

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras
cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.

FIN



MI AMIGO

Leidy Viviana Murillo 

Mi amigo quería ser escritor, pero no podía serlo porque no tenía máquina de escribir. Al fin consiguió una. Aún así no pudo comenzar pues le hacía falta un cuarto. Al cabo de unos días lo consiguió, pero en aquella habitación había mucho ruido, mucha gente e interferencias. Fue preciso, entonces, conseguir una casa. Prestando aquí, allá, mi amigo pudo conseguir la casa. Al cabo de un tiempo me lo encontré en la calle muy deprimido y le pregunté qué le pasaba. Me dijo: " Ya tengo máquina, cuarto y casa, pero no puedo hacerlo, me falta algo muy importante, una mujer". Dicho y hecho, a la vuelta de dos días la consiguió. "Ahora sólo me falta ponerme a hacerlo". Sin embargo, no lo hizo, le hacía falta algo, un auto. Se puso entonces en el empeño y lo logró conseguir. La última vez que lo vi, le pregunté si estaba escribiendo. "No", me contestó, " si ya tengo máquina de escribir, auto, casa, esposa y trabajo, para qué me voy a poner a escribir, ahora estoy viendo cómo conseguir un PSP.


                                               PARTICIPANTES:

I.E. José Holguín Garcés- Central 

Sedes:
Ana María de Lloreda
  • Ulpiano Lloreda
  • José Acevedo y Gómez
  • Maricé Sinisterra



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